¿Qué significa “La hora del Planeta”?

Estamos afrontando un cambio climático drástico, el peor, tal vez, desde que comenzó la historia humana; el calentamiento global, producto de emisión de gases de efecto invernadero, está extinguiendo numerosas especies animales y vegetales, y amenaza también con extinguir a la raza humana. Este tema es ahora de prioridad mundial, pues no sólo pasa que el efecto invernadero amenaza con dejarnos sin recursos para subsistir, sino que nosotros somos los principales causantes de esta catástrofe. La emisión de gases de las fábricas, de los automóviles, el uso indiscriminado de combustible fósil y la deforestación a gran escala, han producido lo que se ha llamado el “efecto invernadero”, es decir, el fenómeno que se produce cuando algunos gases retienen la energía que emite la tierra tras haber sido calentada por la radiación solar.

Frente a este panorama, la iniciativa de la hora del planeta se establece como un símbolo de concientización, una invitación a la reflexión sobre el problema del cambio climático y un llamado a exigir soluciones y fomentar la implicación de la sociedad civil con compromisos a favor del medio ambiente, durante todo el año.

¿Para qué sirve la “hora del planeta”?

La hora del planeta es un símbolo; se aprovecha este momento para demostrar que todos podemos y debemos ser parte del cambio, que es posible aunar voluntades para frenar esta crisis global y que es un trabajo de todos los días.

Los símbolos son importantes para el ser humano, y a menudo han sido las mechas que producen el cambio; si mil millones de personas se unen a este símbolo para exigir a los grandes países industrializados que detengan de una vez la emisión de gases de efecto invernadero, además de tomar conciencia individual, entonces tenemos el inicio del cambio.

La importancia de esta actividad es precisamente su carácter global, su participación masiva y multisectorial y por eso se ha convertido ya en la expresión mundial de un deseo, el de la convivencia armónica entre hombre y naturaleza; el de conseguir que las generaciones venideras puedan heredar un planeta mejor que el que tenemos nosotros.

Una reflexión final

Vivimos en una época de apariencia, hasta las buenas obras se convierten muchas veces en publicidad y las grandes iniciativas en meros lavatorios de conciencia. Muchos de nosotros queremos “vivir bien” (ignorando muchas veces que la mayoría vive muy mal), y la energía nos resulta tan barata que ni siquiera nos ponemos a pensar lo que realmente le cuesta al planeta: queremos vivir bien sin aceptar las consecuencias de ello.

En el planeta tenemos serios problemas, fundamentalmente dos: el calentamiento global y la creciente escasez de combustible fósil; esto está provocando serias crisis, no solo de sequías, sino también de tensiones políticas, migraciones a gran escala, invasiones a países que tienen petróleo, que fácilmente derivan en guerras y genocidios. Debemos entender que ya no hay “días de…”, porque de nada nos sirve sumarnos a la iniciativa de “la hora del planeta”  sino vamos a trabajar día a día, invirtiendo nuestra propia energía para crear un cambio. Ahora son las personas en Yemen, en Libia, en Nigeria, las que están sufriendo directamente las consecuencias del calentamiento global, mañana podemos ser nosotros.